Una pizca de Cine, Música, Historia y Arte

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martes, 24 de abril de 2018

Bertrand Russell y los "Idiotas"



"…Basta leer algo de su llamada filosofía para descubrir inmediatamente qué clase de idiota es usted. El otro día leí en un diario suizo alemán algo que evidentemente usted había dicho: ´Vivimos en una época que tiene tres revoluciones por delante: la lucha de la juventud contra la vejez; la lucha de la pobreza contra la riqueza y la lucha de la estupidez contra la inteligencia…´ (…) Le digo categóricamente que las tres revoluciones que lo inquietan no las tenemos por delante, sino que han caracterizado a todas las generaciones de todos los siglos"

Esa era la carta que un hombre común le escribió a Bertrand Russell en 1958. La respuesta del filósofo, matemático, activista social y Premio Nobel de Literatura en 1950 no se hizo esperar: 

"Estimado señor: 

Hay una categoría de idiotas que usted ha omitido mencionar. Es la categoría de quienes creen lo que leen en los diarios. Yo nunca hice la declaración que usted cita. 

Lo saluda atentamente, 

Bertrand Russell"

Esta entrada fue publicada en este blog por Celia Valdelomar en 2012 y es reeditada hoy para amoldarla a la nueva imagen del blog.

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lunes, 23 de abril de 2018

El escatológico origen de "God save the King"



Aunque reconozco que yo cuando escucho el famoso "God save the Queen" pienso en el añorado Freddie Mercury y su grupo o a lo más en la irreverente versión que del himno hicieron los Sex Pistols, hoy nos toca hablar del muy curioso origen de este himno.

Ya sabemos lo ceremoniosos que han sido siempre los ingleses y lo bien que saben dar pompa y boato a las grandes ocasiones, momentos en los que mientras abusan del terciopelo rojo, suelen usar como fondo musical el famoso "God save the Queen" (King si es un hombre el que está en el trono). Hace un par de días que la reina Isabel II, cumplió 92 años y con 62 ya en el trono, seguro que su hijo miraba al cielo cuando los súbditos le dedicaban  con tanta devoción el consabido himno. ¡Dios salve a la Reina! cantan, pero estaría bien saber de que tendría que ser salvada, al menos teóricamente.

Ese himno inglés tan patriótico y ampuloso tiene su origen en las posaderas del Rey de Francia Luis XIV, el Rey Sol, al que podemos ver a la derecha en el famoso cuadro que le dedicó el pintor Hyacinthe Rigaud. En 1686 el rey francés tuvo que someterse a una dolorosa operación con motivo de una fístula anal que hubo de ser abierta en dos ocasiones y a la que el Rey hubo de someterse sin ningún tipo de anestesia. Se cuenta que el rey se comportó como un verdadero machote y aguantó dignamente el trance, provocando la admiración-peloteo de sus súbditos.

Unas monjas del claustro de Saint-Cyr decidieron mostrar a través de una canción su alegría por la recuperación de su monarca y que este pudiera ya sentarse en su trono a sus anchas, componiendo una canción llamada "Grand Dieu sauve le roi" que posiblemente fue musicada por Lully o Charpentier según las fuentes, llegando con el tiempo a ser himno francés.

Parece que un viajante inglés pudo oír la melodía, la copió y tras diversos avatares en los que parece estar implicado John Bull y Haendel, terminó por convertirse en el himno británico, con la curiosidad de que el himno se adaptará en título y letra al sexo del monarca, pudiendo ser de esta manera "God save the Queen-King" según los casos. !Estos ingleses siempre tan prácticos y ahorradores!

Curiosamente Prusia y posteriormente el Imperio Alemán entre 1871 y 1918 también lo tuvieron como himno oficial en su versión "Heil dir im Siegerkranz" Y por si faltaba poco, versiones del mismo himno han ocupado los momentos más ceremoniosos de Liechtenstein, Noruega o Suecia en distintas épocas.

Después la cosa degeneró un poco y llegaron a tocar el himno desde Motórhead hasta los Sex Pistols, las cosas…. De esta forma nadie puede negar que las fístulas de Luis XIV han tenido un papel ciertamente protagonista en la historia de Europa.

Os dejo el himno original en francés


Y por que no, la de Sex Pistols:



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domingo, 22 de abril de 2018

Los hombres de Maria Callas



Ciertamente curiosa la foto con la que acompañamos este entrada, y en la que podemos ver a la maravillosa Maria Callas en una pose casi de pin-up junto a su marido Giovanni Meneghini en una playa de Venecia.

Parece que María Callas nunca había estado realmente enamorada de Meneghini, un industrial de la construcción treinta años mayor que ella  y su matrimonio, para algunos, podría ser calificado como de conveniencia. A pesar de eso debe decirse que Menenghini se comportó con la diva casi como un pigmalión, la ayudó para que pudiera tomar sus últimas clases de canto y se convirtió en un eficaz representante durante gran parte de su exitosa carrera. Giovanni Meneghini, junto a Tullio Serafín guiaron con acierto la carrera de la diva, de su mano hizo su debut en La Scala de Milan en 1950 con la representación de Aida, o su primera aparición en Nueva York en 1956 representando la ópera "Norma" de Bellini. Tras diez años de matrimonio, María Callas abandonó a Meneghini para unirse a Aristoteles Onasis, ese ricachoncete que tanto abusaría de ella y que para colmo la alejaría de los teatros y de su carrera. Menenghini nunca la olvidó y siempre la defendió a capa y espada, hasta quiso que a la muerte de María Callas sus cenizas quedaran en la residencia en la que habían vivido juntos, pero por expreso deseo de la familia estas fueron esparcidas en el Mar Egeo.  No podemos olvidar que tras dejar a Menenghini ella también sería abandonada por Onassis, que encontraría un nuevo amor en los brazos de Jackie Kennedy, la viuda de América

Ya sabéis que el amor es un pajarillo rebelde... y si no que os lo cante ella:



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jueves, 19 de abril de 2018

El beso de la vida




La imagen le valió un Pulitzer de fotografía en 1968  a Rocco Morabito, que captó el dramático momento cuando volvía de cubrir una huelga de ferrocarril el 17 de julio de 1967. Un aprendiz de instalador de lineas eléctricas había entrado en contacto con un cable de alta tensión recibiendo una descarga que le hace perder el conocimiento y quedar colgado, a 12 metros del suelo, tan solo de su arnés de seguridad. Su compañero, aun colgados ambos del poste, logró reanimarlo de la forma que vemos en la fotografía. A este héroe, llamado J.D. Thompson, más allá de la admiración y reconocimiento general, no sabemos que premio le dieron.  La fotografía fue titulada "El beso de la vida" por el editor del Jacksonville Journal, periódico para el que trabajaba Morabito, y se publicó en la prensa de todo el mundo. El premiado fotógrafo caminaba hacia su coche cuando oyó un fuerte sonido que lo alertó y al ver lo ocurrido tuvo la presencia de animo de saber que debía hacer primero y utilizó su radio para indicar al periódico para el que trabajaba, que llamaran a una ambulancia y después coger su cámara para realizar la fotografía. Fue entonces, con la foto hecha, cuando intuyó que tenía algo bueno y volvió a llamar al periódico, que estaba a punto de cerrar la edición, para decirles: "Es posible que deseen esperar a esto. Creo que tengo una (fotografía) muy buena"

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miércoles, 18 de abril de 2018

La vejez y los hijos: Los "fakes" de Saramago



"Frecuentemente me preguntan que cuántos años tengo… ¡Qué importa eso!. Tengo la edad que quiero y siento. La edad en que puedo gritar sin miedo lo que pienso. Hacer lo que deseo, sin miedo al fracaso, o lo desconocido. Tengo la experiencia de los años vividos y la fuerza de la convicción de mis deseos. ¡Qué importa cuántos años tengo!. No quiero pensar en ello. Unos dicen que ya soy viejo y otros que estoy en el apogeo. Pero no es la edad que tengo, ni lo que la gente dice, sino lo que mi corazón siente y mi cerebro dicte. Tengo los años necesarios para gritar lo que pienso, para hacer lo que quiero, para reconocer yerros viejos, rectificar caminos y atesorar éxitos. Ahora no tienen por qué decir: Eres muy joven, no lo lograrás. Tengo la edad en que las cosas se miran con más calma, pero con el interés de seguir creciendo. Tengo los años en que los sueños se empiezan a acariciar con los dedos, y las ilusiones se convierten en esperanza. Tengo los años en que el amor, a veces es una loca llamarada, ansiosa de consumirse en el fuego de una pasión deseada. Y otras en un remanso de paz, como el atardecer en la playa. ¿Qué cuántos años tengo? No necesito con un número marcar, pues mis anhelos alcanzados, mis triunfos obtenidos, las lágrimas que por el camino derramé al ver mis ilusiones rotas… valen mucho más que eso. ¡Qué importa si cumplo veinte, cuarenta, o sesenta!. Lo que importa es la edad que siento. Tengo los años que necesito para vivir libre y sin miedos. Para seguir sin temor por el sendero, pues llevo conmigo la experiencia adquirida y la fuerza de mis anhelos. ¿Qué cuantos años tengo? ¡Eso a quién le importa!. Tengo los años necesarios para perder el miedo y hacer lo que quiero y siento"

Este texto viene siendo atribuido erróneamente en la red al premio Nobel de literatura, José Saramago. Es este un escritor que desde su muerte en 2010 ha sido objeto de la adjudicación de obras que realmente no salieron de su pluma, como este otro: "Definición de hijo" ya desmentido hasta la saciedad por la Fundación Saramago:

"Hijo es un ser que Dios nos prestó para hacer un curso intensivo de cómo amar a alguien más que a nosotros mismos, de cómo cambiar nuestros peores defectos para darles los mejores ejemplos y de nosotros aprender a tener coraje. Sí, Eso es! Ser madre o padre es el mayor acto de coraje que alguien pueda tener, porque es exponerse a todo tipo de dolor, principalmente de la incertidumbre de estar actuando correctamente y del miedo a perder algo tan amado. Perder? cómo? No es nuestro? Fue apenas un préstamo… el más preciado y maravilloso préstamo, ya que son nuestros sólo mientras no pueden valerse por sí mismos, luego le pertenecen a la vida, al destino y a sus propias familias. Dios bendiga siempre a nuestros hijos, pues a nosotros ya nos bendijo con ellos".

Los textos están sin duda bien, pero no son de Saramago. Esa es la verdad.

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martes, 17 de abril de 2018

Ingmar Bergman y los Premios



En estas dos cartas, el director sueco Ingmar Bergman muestra su disgusto e incomodidad ante los premios , sean del tipo que sean; la primera está dirigida en 1960 a Lotte Eisner, fundadora de la Cinémathèque francesa, en relación al Festival de Cannes; la segunda, bastante más dura, y en el mismo año, a la Academia de Hollywood, cuando "Fresas salvajes" fue nominada a Mejor Película de Lengua No Inglesa, en vez de Mejor Película.

Carta 1.- A Lotte Eisner - Cinémathèque francaise

"Estimada Señora Eisner,
Siempre me alegra tener noticias de usted.
Por otro lado, nunca me gusta cuando alguien me habla sobre festivales y lamento especialmente que "El manantial de la doncella" vaya a proyectarse en el Festival de Cannes. Mucho me temo que, junto a Juegos de verano, es una de mis películas que más aprecio.
Me habría encantado hablar de la relación con el señor Sjöström, si no hubiera sido en Cannes. Pero odio ese mercado de carne y humillación mental."
En un festival uno pierde las esperanzas de ver el cine como arte.
Espero volver a tener noticias suyas pronto.
Con afectuosos saludos para el señor Langlois y usted."

Carta nº 2.- A la Academia de Hollywood

"Estimados señores,
Como Fresas salvajes no compite en los Oscar, creo que es un error nominar la película y por lo tanto deseo devolver el certificado de nominación.
He descubierto que la de los Oscar es una de las instituciones más humillantes del arte del cine, por lo que les pido quedar libre del interés de su jurado en el futuro.
Atentamente"

Esta entrada fue publicada originalmente por Celia Valdelomar en 2012 y se reeditada para adaptarla al nuevo formato de la página.

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El nacimiento de "Charlot"



"Sólo soy, sólo sigo siendo una sola cosa: un payaso. Eso me pone en un plano más alto que cualquier político"

Y si lo dice el amigo Charlie y visto los tiempos que corren... Pero vamos con el nacimiento del personaje más icónico de la historia del cine. Uno de los mayores aciertos del personaje de Charlot es su vestuario; esos zapatones y pantalones grandes, que aderezados con su sombrero bombín y su bastón le confieren al personaje una pretendida dignidad a la vez que un toque de comicidad y tristeza por aquello del "quiero y no puedo". Era lo que se dice un vagabundo con clase. La forma en la que Charles Chaplin conforma este vestuario para dar carta de nacimiento a Charlot, termina por convertirse en un inesperado homenaje a varios de los grandes cómicos de la primera época del cine. 

El caso es que en 1914 Charles Chaplin junto con otros grandes cómicos trabajaba para Mack Sennet quien le pidió a Chaplin que creara un nuevo disfraz para la película "Kid auto races at Venice" (1914) y que sería la primera en la que aparecería el inmortal Charlot.

Chaplin solo tenía claro de su nuevo personaje que este llevaría bastón y en realidad es esta la única aportación personal que hace al futuro Charlot, lo demás lo tomara de forma improvisada de los camerinos de los cómicos Fatty Arbuckle y Chester Conklin.

De esta manera aquellos pantalones siempre grandes y holgones que vestía Charlot pertenecían en realidad al orondo Arbukle. El sombrero pertenecía al padre de Minta Durfee que era la esposa de Arbuckle. La chaqueta era de Chester Conklin, aunque también hay quien apunta a Charlie Avery. El bigote salió de un trozo de pelo del comico Mack Swain. Los zapatos ocupan un papel principal en la construcción del personaje de Charlot, condicionando su forma de andar y su silueta. Como los pantalones, eran de una talla muy superior a la que gastaba Chaplin. Estos zapatos habían pertenecido a Ford Sterling, un cómico al que Chaplin había sustituido como protagonista de las obras de la Keystone. Los zapatones eran tan grandes que Chaplin tenía que cambiarlos de pie para lograr mantenerlos puestos sin que se le salieran y le permitieran caminar, condicionando eso si sus movimientos, haciéndolos curiosamente más chaplinescos.



El propio Chaplin cuenta en sus memorias como creo el personaje de Charlot:

"Iba de plató en plató mirando a los diversos equipos de trabajo. Todos tenían el aspecto de imitar a Ford Sterling. Eso me preocupaba, porque yo no encajaba en su estilo. El interpretaba un personaje de holandés fatigado, añadiendo replicas con acento holandés, lo cual era muy divertido, pero no le aportaba nada al cine mudo. Yo me preguntaba que esperaba Sennet de mí. Me había visto sobre el escenario y debía saber que no estaba allí para interpretar el mismo cómico que Ford, mi estilo era exactamente el contrario. Sin embargo, cada historia, cada situación concebida en el estudio, eran, conscientemente o no, para Sterling. Incluso Roscoe Arbuckle imitaba a Sterling"

Nos cuenta también Chaplin, que tras crear aquel personaje que se convertiría en uno de los iconos de todo un siglo, uno de los actores secundarios de la Keystone le comentó: "Muchacho has encontrado realmente algo, nadie le ha hecho reír tanto en el plató (a Sennet), ni siquiera Ford Sterling". Un personaje que llenó de risas toda una época y que aún hoy es el mejor antídoto contra el mal humor.


Y aunque este artículo habla del nacimiento de Charlot, sirve en realidad de homenaje a su creador, ya que ayer. 16 de abril, fue el aniversario, el 129 ya, del nacimiento del maravilloso Charlie Chaplin (1889 - 1977), el cineasta total, olvídense de Ford, Bergman, Fellini, Wilder, Huston, Wiler, Hitchcock o el que ustedes prefieran, nadie como Chaplin dominó con tanta excelencia todas y cada una de las facetas implicadas en la creación de una película, desde el guión, pasando por la música, producción, montaje, dirección, y por supuesto interpretación. ¡Un genio!

Selección de algunos momentos de las  películas de Charlot:




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lunes, 16 de abril de 2018

Ha fallecido el Sargento Hartman de "La Chaqueta metálica".



Sargento de artillería Hartman: - Soy el sargento de artillería Hartman, vuestro instructor jefe. A partir de ahora únicamente hablaréis cuando se os hable, y la primera y la última palabra que saldrá de vuestros sucios picos será señor. ¿Me entendéis bien, capullos?
Reclutas: - ¡Señor, sí, señor!
Sargento de artillería Hartman:- ¡Qué coño, no os oigo! ¡Gritad como si tuviérais huevos!
Reclutas:- ¡Señor, sí, señor!
Sargento de artillería Hartman: - Si alguno de vosotros, nenas, sale de esta isla, si sobrevivís al entrenamiento, seréis como armas, ministros de la muerte, siempre en busca de la guerra. Pero hasta ese día, sois una cagada. Lo más bajo y despreciable de la Tierra, ni siquiera algo que se parezca a un ser humano. Solo sois una cuadrilla de desgraciados, una panda de mierdas inútiles pasadas por agua. Como soy muy duro, sé que no voy a gustaros, pero cuanto peor os caiga, mejor aprenderéis. Soy duro pero soy justo, y aquí no hay ninguna intolerancia racial, no desprecio a nadie porque sea negro, judío, latino o chicano. Aquí todos sois igual de insignificantes. Y mis órdenes son acabar con todos aquellos que no sean capaces de dar la talla en mi amado cuerpo. ¿Me entendéis, capullos?


Sin duda alguna uno de los atractivos de "La chaqueta metálica" (1987), la sensacional película de Stanley Kubrick, es el periodo de instrucción de los soldados en la primera parte del film. Dos personajes se fijan en nuestra memoria con una fuerza inmensa: el soldado patoso al que daba vida Vincent D'Onofrio y el Sargento Hartman, el inflexible y durísimo instructor de artillería. El actor que daba vida a Hartman, Ronald Lee Ermey (1944- 2018 - EEUU) fallecido el pasado domingo, era ciertamente un sargento instructor de los marines ya retirado por las heridas recibidas en su estancia en Vietnam y Okinawa. Sus estudios de arte dramático le valieron para hacer papales de rol militar en "Los chicos de la compañía C" y "Apocalipse Now" previos a su elección para "La chaqueta Metálica".

Se cuenta que para dar más realismo a las secuencias de adiestramiento de los reclutas, el propio Ermey decidió no confraternizar con ninguno de los actores que participaban en las escenas; no se veían ni comían juntos, de modo que la única visión que tenían del brutal instructor es cuando aparecía enfundado en aquel impresionante uniforme lanzando improperios a diestro y siniestro. El resultado fue memorable y los actores ciertamente se ponían tan nerviosos y temerosos como lo harían verdaderos reclutas ante los gritos y gesticulaciones de un instructor todopoderoso, tanto, que a veces hasta olvidaban sus frases. 

Después de participar en más de 70 películas e incluso dar voz a los soldaditos de Toy Story, se puede decir que Ronald Lee Ermey era ya más un actor que un militar y a pesar de ello y del paso de los años, el propio Ermey contaba que cuando coincidia casualmente con alguno de los actores de "La chaqueta metálica" que tuvo bajo su "instrucción", todavía ninguno de ellos le dirigía la palabra. Su Sargento Hartman es sin duda un personaje icónico e inimitable aunque lo intentaran hasta la saciedad.

Como complemento os dejamos este vídeo en el que se recopilan algunas de las escenas en las que participaba el siempre iracundo Sargento Hartman. 




Aquí mi fusil, aquí mi pistola......

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domingo, 15 de abril de 2018

"The Beatles" y la triste historia de "Hey Jude"

Paul McCartney con Julian Lennon, el hijo de John

Parece que "Hey Jude", canción compuesta por Paul McCartney, y una de las más grandes canciones de la historia, en principio no se iba a llamar asi sino "Hey Jules". La canción se compuso para dar consuelo al pequeño Julian, de seis años, hijo de John Lennon con su primera esposa Cynthia Powell, de la que se estaba divorciando para dar formalidad a su relación con Yoko Ono.

Cynthia siempre fue una esposa en la sombra, escondida, secreta, pues se pensaba que no convenía que los fans conocieran su existencia y que uno de los Beatles con más gancho, Lennon, ya estaba casado y además tenía un hijo (Cynthia estaba embarazada cuando se casaron). Así, Cynthia no aparecía en ningún sitio, a pesar de que el matrimonio duró la etapa más gloriosa del grupo, desde 1962 a 1968. Brian Epstein el manager del grupo lo decidió así. A Lennon el éxito le golpeo fuerte, las tentaciones de las groupies que los seguían enloquecidas, los viajes…. El caso es que veía poco a su esposa e hijo que pasaban largo tiempo en un piso de Liverpool, sin contacto con el grupo. Cuando llegó Yoko Ono, todo lo que antes había sido secreto ahora era aireado con total libertad. Las dos caras de una misma moneda.

Bueno, volviendo a la canción, el caso es que McCartney fue un día a visitar a Cynthia para darle apoyo y en el camino, en el coche, compuso la canción "Hey Jules". De la canción decia el propio McCartney:

  "Empece con la idea de Hey Jules, que era Julian "And anytime you feel the pain, hey Jules, refrain, don't carry the world upon your shoulders" (y cada vez que te sientas dolido, Jules, contente y no cargues el mundo entero sobre tus hombros). Sabía que no iba a ser fácil para él. Siempre siento penas por los niños en un divorcio. Después cambié el nombre de la canción porque pensé que sonaba mejor".

Julian, que hoy día también se dedica a la música, tuvo que esperar veinte años para saber que aquella famosa canción estaba dedicada a su persona. De McCartney decía: «Paul y yo solíamos estar juntos mucho más tiempo del que estábamos mi padre y yo juntos. Teníamos una gran amistad y parece que hay más fotos de Paul jugando conmigo que las que tengo con mi padre». En la foto que encabeza el escrito vemos a McCartney con el pequeño Julian en brazos, y parece que Lennon en un segundo plano.

Para otros la canción era una letra que McCartney se dedicaba a sí mismo, motivada por los problemas que estaba teniendo con una novia en aquella época, Jane Ascher, y así lo cuenta Lennon, aunque éste en algún momento pensó que iba dedicada a él y su relación con Yoko Ono y así decía:
"Pero siempre la oí como una canción dedicada a mí. Si piensas al respecto... Yoko entra en la imagen. Él dice: 'Hey, Jude—Hey, John.' Sé que estoy sonando como uno de esos fanáticos que se involucran demasiado con algo, pero puedes escucharla como una canción para mí... Inconscientemente, él dijo 'Sigue adelante, déjame'. En un nivel consciente, él no quería que siguiera adelante". Así, cuando Lennon le dijo a McCarney que la canción trataba sobre él, McCartney lo negó, y le dijo a Lennon que había escrito la canción acerca de sí mismo, lo que abonaria la idea del automensaje por los problemas con Jane Ascher.

 En cualquier caso la idea de que va dedicada a Julian Lennon es la más aceptada y referida por todos, e incluso refrendada por McCartney como leíamos en sus propias palabras más arriba.

Otra curiosidad de la canción es que en el minuto 3 aproximadamente de la grabación original, a McCartney se le escapo un taco, algo del tipo "maldita sea", que se decidió dejar en la grabación a sugerencia de Lennon:

«'Paul golpeó un sonido en el piano y dijo una palabra malsonante, pero yo insistí en dejarla, enterrándola lo suficientemente bajo como para que no pudiera ser escuchada. La mayoría de la gente no se dará cuenta, pero nosotros sabremos que está ahí». Las cosas….

Más abajo tenéis un vídeo con la canción y sus subtítulos para sacarle toda la miga a la letra.




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sábado, 14 de abril de 2018

Miles Davis, las mujeres y el jazz.



“Desde el primer compás de un concierto soy capaz de adivinar qué hizo mi batería la noche anterior. Si no ha dormido no le queda nada.... las chicas siempre están ahí para arrebatarle la fuerza a los músicos. Son peligrosas. Por otro lado, son ellas quienes realmente tienen un feeling por la música. Nos hacen componer canciones de amor, todas esas canciones de amor, todas diferentes, son ellas…” 

Son palabras de "El principe de las tinieblas", que es uno de los apodos con el que se conoce al gran Miles Davis, uno de los pilares indiscutibles del jazz. Su disco "Kind of blue" es el álbum más vendido de la historia del jazz. Del be bop, al  jazz fusión pasando por el cool, Miles era un trompetista con una trayectoria profesional tan inclasificable como él mismo: "Rebelde y negro, inconformista, frío y con estilo, airado, sofisticado y ultra limpio, añade el rasgo que quieras: yo era todas esas cosas y más". Un genio sin duda fanfarrón y orgulloso de si mismo, cruel y vulnerable a la vez y con una única debilidad (aparte de las drogas): las mujeres. Arriba lo vemos en compañía de la enigmática Jeanne Moreau, actriz protagonista de "Ascensor para el cadalso" (1958), una buenísima película de cine negro francés dirigida por Louis Malle y para la que Davis compuso una sensacional banda sonora. En el vídeo que ponemos a continuación vemos un trocito de la película con el famoso paseo de la diva francesa con la música de Miles Davis de fondo. No cabe duda de que las mujeres son capaces de desatar la inspiración de cualquier hombre con el más sencillo de sus gestos, con tan solo andar por la calle mirando la vida a su alrededor. "Un ascenseur pour l'echafaud", si encontráis el disco con la banda sonora os encantará. Hora de ver caminar a la Moreau:





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